miércoles, 3 de julio de 2013

Venado

Una calma mañana de abril
el silencio reina en el bosque
sólo se oye el tenue sonido
de las hojas secas al caer.
En la rivera del frío río
se encontraba una gacela
que de un sueño como el mío
se despertaba, siempre alerta.
Pero el hambre no descansa, y mientras el venado bebía
de las aguas del río heladas, una tensión en el aire crecía.
El hedor de una vil bestia le llegó al ciervo con el viento, quien para oír se incorpora.
La fiera que esperaba
su momento con paciencia
ve su chance y abandona
su refugio entre las plantas.
Entre saltos y corridas
el ciervo sabe que caer
o tropezarse será su fin
pero no piensa perder.
CORRÉ, SALTÁ, ESQUIVÁ!

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